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La diarrea me convirtió en un CEO

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A 38.000 pies en el aire, en algún lugar sobre la parte oriental del Océano Pacífico, me desperté. Volaba de vuelta a casa desde América del Sur hacia Dallas y me sentía muy asustado. Los síntomas físicos que estaba sintiendo en mi interior eran diferentes a los que había experimentado antes. Mi corazón estaba muy acelerado y no sabía por qué. Sentí que iba a sufrir una combustión espontánea mientras estaba sentado allí, sudando en mi asiento. Todo el mundo parecía estar dormido en el vuelo excepto yo. Con lo que estaba a punto de suceder, eso probablemente era algo bueno.

Durante ese vuelo de siete horas, afortunadamente fui capaz de mantener el control de mi cordura emocional, pero había otras partes de mí que no podía controlar. Cuando el avión aterrizó en Dallas, había hecho once viajes al baño y había perdido demasiados fluidos por decir lo menos.

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Voy a devolverme 6-8 horas atrás. Estaba comiendo pollo asado antes de tomar mi vuelo. El pollo estaba bien preparado y caliente cuando lo pusieron frente de mí. Las papas fritas también estaban calientes. Mientras sumergí las papas fritas en el trío de salsas que estaban en la mesa, me di cuenta que las salsas no estaban frías, incluso estaban un poco calientes. Mi hambre sumado a los sabores de las salsas, desvanecieron cualquier pensamiento de peligro de mi cabeza. Sin hacerle ninguna prueba a la comida, es difícil afirmar que definitivamente las salsas eran las culpables, pero todas las indicaciones apuntaban en esa dirección.

Dejando a un lado los efectos potencialmente muy graves y mortales de las enfermedades transmitidas por los alimentos, vale resaltar que es aún más preocupante cuando comes algo muy delicioso y esto vuelve a ti para perseguirte. Es en tiempos como estos, que nunca olvido las comidas que ingerí antes de haberme enfermado. Y utilizo la palabra “comidas” en plural, porque las enfermedades transmitidas por los alimentos toman diferentes cantidades de tiempo para presentar síntomas en nuestros sistemas. Puede ser infructuoso e innecesariamente dañino para los restaurantes, que la gente una vez experimenta los síntomas, inmediatamente se conecta y salta al sitio donde se publican las reseñas, para dejarle saber al mundo que se han enfermado en el restaurante X, Y o Z. De hecho, pudo haber sido ese restaurante o pudo haber sido uno de los otros restaurantes donde comió durante las últimas 12 horas o más, lo que lo hizo enfermarse. Señalar la responsabilidad de enfermedades transmitidas por los alimentos a un restaurante no es tan claro como nos gustaría.

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En los Estados Unidos tenemos sistemas para reportar y direccionar este tipo de cosas. En la mayoría de los países latinoamericanos, estos sistemas están en una etapa muy naciente o ni siquiera existen. Esta es una razón más por la cual los restaurantes en América Latina no tienen detectados muchos brotes de enfermedades transmitidas por alimentos, ya que los sistemas no están preparados para recibir las quejas de los consumidores y luego poder investigar, hacer cumplir y mejorar las prácticas de seguridad alimentaria deficientes. Muchos viajeros, se están moviendo constantemente, para ellos es difícil notificar al restaurante ya que a menudo se trasladan a la siguiente ciudad para continuar con su viaje.

En la Segunda Parte, veremos una tendencia inquietante que hemos presenciado en restaurantes latinoamericanos cuando alguien denuncia un problema. Hasta entonces, nosotros en Cocina Verify seguiremos trabajando para llevarle a los viajeros más opciones de restaurantes seguros en Latinoamérica y más allá. ¡Confié en estándares, no en reseñas!